El despertar

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Llega un momento en la vida cuando finalmente te das cuenta… cuando, en medio de todos tus miedos y locura frenas en seco y de algún lugar esa voz dentro de tu cabeza grita: ¡sufiiciente!.  Suficiente de llorar y quejarse, suficiente de culpas y aguantar sólo para mantenerte en pie. Entonces, como un niño después de un berrinche, te tranquilizas, te limpias las lágrimas y empiezas a mirar el mundo con otros ojos.

Este es tú despertar.

Te das cuenta que llegó el momento de dejar de esperar y esperar que las cosas cambien por si solas, llegó el momento de dejar de esperar que la felicidad y la seguridad aparezcan en tu vida por arte de magia.

Te das cuenta que el mundo real no es un cuento de hadas y que un “felices para siempre” empieza primero por ti… y en ese proceso de aceptación llega una sensación de serenidad.

Despiertas al hecho de que no eres perfecto y que no todo el mundo amará, apreciará o aprobará quién o qué eres.. y eso está bien. Todos tienen derecho a sus propios puntos de vista y opiniones.

Aprendes la importancia de amarte y defenderte a tu mismo… y en el proceso, una sensación de nueva autoconfianza ha nacido de la autoaprobación.

Dejas de quejarte y culpar a los demás por las cosas que te hicieron, o lo que no hicieron por ti, y aprendes que lo único que realmente cuenta es lo inesperado.

Aprendes que las personas no siempre dicen lo que quieren decir o dicen lo que no sienten, aprendes que no siempre estarán ahí para ti y que el mundo no gira a tu alrededor.

Así, aprendes a rascarte con tus propias uñas y cuidar de ti mismo … y en el proceso, una sensación de seguridad y confianza nacen de ser autosuficiente.

Dejas de juzgar a los demás y señalar con el dedo y empiezas a aceptar a las personas tal y como son, viendo más allá de los defectos y debilidades humanas… y en el proceso, una sensación de paz y satisfacción ha nacido del perdón.

Aprendes a abrirte a nuevos mundos y diferentes puntos de vista, comienzas a reevaluar y redefinir lo que eres, lo que realmente quieres en tu camino.

Aprendes la diferencia entre querer y necesitar y comienzas a desechar las doctrinas y valores obsoletos que ya no aplican en tu vida y aquellos que jamás debieron ser parte de ti.

Aprendes que hay poder y gloria en el crear y contribuir y dejás de manejarte por la vida simplemente como un “consumidor” en busca de su próxima dosis.

Aprendes también, que los principios como la honestidad y la integridad no están pasados de moda, sino que son necesarios para crear una base sobre la cuál debes construír tu vida.

Aprendes que no lo sabes todo, que tu trabajo no es salvar al mundo y que no puedes enseñar a un cerdo a cantar. Aprendes que la única cruz que debes soportar es la que tu eliges llevar.

Y después aprendes sobre el amor. Aprendes a mirar las relaciones como realmente son y no como quieres que sean. Aprendes que estar sólo no significa soledad.

Dejas de controlar a las personas, las situaciones y los resultados. Aprendes a distinguir entre culpa y responsabilidad, aprendes la importancia de establecer límites y de decir NO.

Dejas de trabajar duro en poner tus sentimientos a un lado suavizando las cosas e ignorando tus necesidades.

Aprendes que tu cuerpo es un templo, comienzas a cuidarlo y tratarlo con respeto. Empiezas a comer una dieta equilibrada, beber más agua y hacer más ejercicio.

Aprendes que el cansancio alimenta las dudas, el miedo y la incertidumbre, por lo que tomas más tiempo para descansar. Y, así como la comida alimenta tu cuerpo, las risas alimentan tu alma, entonces buscas más tiempo para reír y jugar.

Aprendes que, la mayor parte del tiempo, tienes en esta vida lo que mereces y que gran parte de la vida es una profecía autocumplida.

Aprendes que aquello que vale la pena conseguir es aquello por lo que vale la pena luchar y que desear que algo suceda es muy diferente a trabajar para que suceda.

Más importante aún,  aprendes que para alcanzar el éxito necesitas dirección, disciplina y perseverancia. Aprendes que nadie puede hacerlo todo solo y que está bien arriesgarse y pedir ayuda.

Aprendes que lo único a lo que realmente debes temer es al miedo mismo. Aprendes a caminar a través de tus miedos, porque sabes que pase lo que pase podrás manejarlo y renunciar al miedo es vivir la vida bajo tus propios términos.

Aprendes a luchar por tu vida  y dejas de malgastarla viviendo bajo una nube de indecisión e inseguridad.

Aprendes que la vida no siempre es justa, que no siempre consigues lo que crees merecer y que a veces las cosas malas suceden a la gente buena…y entiendes que no debes de tomarlo como algo personal.

Aprendes que nadie te está castigando y que no todo siempre es culpa de alguien, es simplemente la vida sucediendo. Aprendes a admitir cuando te equivocas y a contruír puentes en lugar de muros.

Entiendes que los sentimientos negativos como el coraje, la envidia y el resentimiento deben comprenderse y redirigirse o te sofocarán la existencia y envenenarán el universo que te rodea.

Aprendes a ser agradecido y a valorar las cosas simples que a veces damos por sentado, aquellas cosas que millones de personas sobre la tierra sólo pueden soñar: un refrigerador lleno, agua limpia, una cama calientita donde dormir, un baño con agua caliente.

Luego, empiezas a asumir la responsabilidad por ti mismo y para ti mismo y te haces una promesa de nunca traicionarte y nunca, nunca conformarte con menos que el deseo de tu corazón.

Buscas motivos para mantener tu sonrisa, para mantener la confianza y para permanecer abierto a todas las posibilades maravillosas que existen.

Abres la ventana de tu vida para escuchar y sentir el viento.

Finalmente, con valentía en tu corazón, respiras profundo y empiezas a diseñar la vida que quieres vivir de la mejor manera que puedes.

Autor Desconocido

Adaptación: Pilar Villicaña

pilar@concienciacosmica.org

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